Ezequiel Martínez sobre la Oveja lojeña
La oveja lojeña no solo es una raza autóctona: es el alma de la Sierra de Loja y el reflejo de una forma de vida que resiste con esfuerzo, tradición y amor por la tierra.
En las laderas pedregosas y montañosas de la Sierra de Loja, entre matorrales, encinas dispersas y pinares de altura, pasta desde hace siglos una raza única: la oveja lojeña. Adaptada a un entorno duro y exigente, esta raza forma parte del paisaje, de la economía local y de la identidad de toda una comarca.
Con motivo del II Encuentro de la Asociación de Ganaderos de la Oveja Lojeña, celebrado a 1.300 metros de altitud en plena sierra, ganaderos, técnicos, instituciones y entidades comprometidas con el mundo rural se reunieron para poner en valor el trabajo de quienes mantienen viva esta raza en peligro de extinción.
Según Juan Antonio Moreno y su padre —referentes históricos de la asociación—, en la comarca de Loja, Alhama, Zafarraya y pueblos del entorno se estima una cabaña de unas 100.000 ovejas, repartidas entre unas 55 familias ganaderas. Sin embargo, de raza pura lojeña apenas quedan unas 7.000 cabezas, una cifra que refleja la delicada situación de este patrimonio ganadero.
Durante la jornada participaron representantes de la Junta de Andalucía, técnicos de la Consejería, veterinarias, ganaderos y miembros de la Fundación Savia, entre ellos Paco Casero, Antonio Aguilera, Iván Casero y Ezequiel Martínez. Fue una jornada de convivencia, reconocimiento y defensa del pastoreo extensivo como herramienta esencial para conservar el territorio, prevenir incendios y fijar población en el medio rural.
Los asistentes pudieron degustar un exquisito guiso de cordero lojeño, una carne de gran calidad que ya cruza fronteras y se exporta a países como Qatar o Marruecos. Un producto excelente que demuestra que tradición, sostenibilidad y futuro pueden ir de la mano.
Pero más allá de la calidad de su carne, la oveja lojeña representa el esfuerzo diario de familias que siguen apostando por quedarse en el pueblo, cuidar el campo y mantener vivo un oficio tan duro como imprescindible. A pesar de la burocracia, de las dificultades del sector y de la falta de relevo, estos ganaderos siguen resistiendo.
Hoy más que nunca, apoyar la ganadería extensiva y a la raza ovina lojeña es defender nuestro paisaje, nuestra cultura y nuestras raíces. Porque cuidar de la oveja lojeña es también cuidar de Loja. 🐑💚





